Comunidades de La Patria, Chaco.

Pueblo Angaité, comunidades de La Patria, Departamento Presidente Hayes. 2014/15

Fotos archivo Grupo Sunu.

 

La Patria es una comunidad del pueblo Angaité, de la nación Enlhet enenlhet, antes también conocida como Maskoy, originaria del Chaco boreal. También integran la nación Enlhet enenlhet los enxet, enlhet, sanapaná, enenlhet y guaná.

 

El pueblo angaité, previa colonización de su territorio, se distinguía, al menos, en 3 sociedades:

 

Habían habitado zonas contiguas pero diferenciadas, y cada uno de esos grupos y sus miembros tenían una forma distinta de hablar el idioma. Estos grupos o sociedades eran Kovalhok, literalmente “los que habitan los bañados”; Koeteves, “los que habitan la zona de los algarrobos negros”; y Konhongnava, “los que habitan la zona de quebrachos blancos”. (Villagra, 2011, p. 325)

 

También hay registros en la memoria de otra sociedad más, Koyehlna,“los que habitan la zona florecida”. (Villagra, 2011)

Contexto histórico de la conformación de la comunidad La Patria

 

El territorio tradicional del pueblo angaité fue enajenado por el Estado paraguayo cuando éste pone en venta sus tierras. En 1907, la Compañía Rosarina de Campos y Bosques compró aproximadamente 375.000 hectáreas y fundó el puerto Pinasco, denominación que hacía referencia al nuevo propietario de la comarca, el rosarino Santiago Pinasco. En esas tierras, además del puerto, estableció un aserradero para explotar madera del árbol Quebracho, que por entonces abundaba en los antiguos montes angaité.

 

En 1919, esta propiedad es transferida a The New York and Paraguay Company, la que estableció una fábrica de producción de tanino. Posteriormente, en la década de 1920 esta empresa volvió a transferir la propiedad de las tierras, con el aserradero, el puerto, las estancias y la fábrica, a la International Products Corporation (IPC), del acaudalado estadounidense Pecial Farquhar, quien extendió la propiedad hacia el occidente, tierra adentro (Villagra y Bonifacio, 2015)

 

De esta forma, las tierras del territorio angaité fueron progresivamente alambradas y divididas en estancias para pastura, y obrajes para el corte del quebracho, con los angaité dentro y como mano de obra barata. En tanto, crecía el número de obreros de la fábrica y del puerto Pinasco. Se calcula unos 1.400 obreros a inicios de la década de 1920. Y una década más tarde, en 1930, se estima que alrededor de 7.000 personas vivían en la propiedad de la compañía. En los obrajes trabajan aproximadamente 3.000 indígenas y en las estancias el número de ganado era de 50.000 cabezas. (Villagra y Bonifacio, 2015)

 

De esta manera, el territorio tradicional angaité quedó totalmente reconfigurado. Perdieron sus tierras y los convirtieron en obreros explotados. También en este proceso, empezaron a reemplazar su idioma propio por el guaraní mestizo, utilizado por la gran cantidad de paraguayos que trabajaban en las instalaciones del enclave taninero.

 

La caída del precio del tanino hacia 1955, repercutió en la decadencia de la Compañía Pinasco, que desembocaría en la venta de sus acciones en 1966 a la compañía INVICTA. Y con la bancarrota de ésta, a la Odgeon Corporation. Esto conllevó al cierre de la fábrica y al fraccionamiento de las estancias principales y su venta a otros propietarios. Ello implicó una diáspora interna y externa de la población indígena (Villagra y Bonifacio, 2015); principalmente angaité, quienes vivían y trabajaban dentro de los límites que por entonces correspondían por la compañía.

 

Desde entonces, empezó el reasentamiento de los angaité oriundos de la zona, estableciéndose en colonias, y posteriormente, en comunidades propias, en el marco de los procesos de reconquistas de tierras que se dieron a partir de la Ley 904/81. Esta legislación habilitó la figura de propiedad comunitaria para las tierras de los pueblos indígenas. De esta forma, se estructuraron las actuales comunidades indígenas conformadas en el país.

 

En este contexto, tres comunidades del pueblo angaité se fundaron dentro de lo que había sido la propiedad de la compañía Pinasco, y que se corresponden a su territorio ancestral: la ex misión y colonia San Carlos, con 3 aldeas en 3.686 hectáreas, donadas en 1973 por una empresa; la comunidad Ex Cora´i con cinco aldeas en 15.113 hectáreas, restituidas por el Estado en 1996; y la comunidad La Patria con 22.520 hectáreas adquiridas por los anglicanos en 1983 y tituladas a nombre de la comunidad.

 

 

Contexto actual

 

Hoy viven en La Patria aproximadamente 2.200 personas, de una población total del pueblo angaité de 5.992[1] personas. El 36 % de la población angaité reside en La Patria. En su mayoría son jóvenes, niños y niñas. Conformando alrededor de 300 familias, asentadas en 18 aldeas, siendo cada una de ellas una unidad social y política independiente.

 

La comunidad está ubicada en una zona aislada, accesible por un camino de tierra, aproximadamente a 2 horas y media en móvil, desde la ruta Transchaco, y a 480 Kilómetros de la cuidad de Asunción, en el distrito de Puerto Pinasco, departamento de Presidente Hayes.

 

Las familias se dedican a la recolección de frutas, mieles y fibras; a la caza y la pesca; a la agricultura, principalmente para el autoconsumo; y a la confección de artesanías. Un porcentaje no alto de hombres realizan trabajo extra predial como peones de estancia o trabajadores forestales. También generan ingresos en efectivo a través de las ventas de artesanías y mieles silvestres y de apicultura. La comunidad tiene desarrollada infraestructura comunitaria, aljibes, antena de comunicación de telefonía, centros comunitarios, escuelas, panadería, taller de oficios, entre otras instalaciones.

 

Fuera de La Patria, en el contexto del Chaco paraguayo, la explotación forestal exacerbada coloca al Paraguay como uno de los países qué más deforesta en la cuenca del Chaco Americano. Además del arrendamiento de tierras por parte de la ganadería, empieza a intensificarse el cultivo de plantaciones de soja con utilización de agrotóxicos y cercanas a las escasa fuentes de agua potable. Aún sigue vigente el trabajo y explotación sexual de mujeres en las estancias aledañas. Se habla de una ruta de la mafia del narcotráfico por los alrededores.

 

Los servicios públicos son insuficientes o directamente no llegan a las comunidades indígenas.

 

 

 

Articulación entre La Patria y Sunu

 

Desde el año 2003, el Grupo Sunu se articula con La Patria, y desde entonces apoya procesos propios de promoción de la cultura angaité, la organización comunitaria, la economía comunitaria y la soberanía alimentaria. También, formación en el ámbito de los derechos con énfasis en las áreas de salud, género, justicia, legislación y funcionamiento del Estado paraguayo.

 

Estos procesos son comprendidos dentro del paradigma de la autonomía comunitaria.

 

 

Promoción de la cultura angaité

 

Desde el año 2000, la comunidad La Patria impulsa un proceso de reafirmación de su propia cultura, a través de la activación de sus memorias y ceremonias. Desde esta reactivación son habilitados espacios para la reflexión y profundización de sus propios esquemas de pensamiento y códigos de vida. No obstante, sigue presente el proyecto de evangelización desarrollado por grupos religiosos, que apunta a una colonización de la cosmovisión del pueblo, permeando intensamente en aspectos de la espiritualidad angaité.

 

La incursión de varias corrientes religiosas históricamente generó conflictos comunitarios. En la comunidad San Carlos, la secta evangélica A las Nuevas Tribus indujo a la población angaité a un estado psicosocial de miedo, introduciendo imágenes como el infierno y Satanás. Los pastores significaron estas imágenes relacionándolas con las creencias propias y las prácticas tradicionales angaité. En esta significación, colocaron la interpretación de lo propio como obra de Satanás, y trazaron el destino al infierno para quienes lo profesaran. Con tal idea ejercieron tanta presión en la comunidad que generaron el éxodo de sabios, chamanes y conocedores de la cultura angaité, los llamados cultureños, quienes se asilaron en La Patria, donde también la presión evangelizadora de los anglicanos era fuerte, pero no tanta como en San Carlos.

 

En este curso de adversidades, el grupo Sunu inicia su interacción con los angaité, y decide acompañar un proceso de activación de la memoria del pueblo en La Patria. En esta iniciativa, ancianos y ancianas compartieron relatos sobre sus tradiciones, aquellas que llegaron a vivirlas en la niñez; y que empezaron a desactivarse con la intensificación del régimen de estancias y obrajes del Puerto Pinasco, y con la intromisión de religiones foráneas.

 

La práctica tradicional del Choqueo, que se manifiesta a través de una colectiva danza circular con cantos y tambores, así como el Kelvana, la ceremonia de iniciación de la mujer, se practicaron por mucho tiempo de manera clandestina, escondidos en los montes, ante la fuerte presencia evangelizadora que hostigaba la vigencia de las tradiciones angaité.

Waika[2] es una instancia ceremonial donde los ancianos sabios cantan y validan los cantos vinculados al conocimiento de las plantas medicinales. Lo hacen durante la noche y sin danzar.

 

A través de la activación de la memoria de los ancianos, el día 19 de abril del año 2007, después de 20 años de su última celebración, se reactivó la ceremonia Waika. Al día siguiente de su consagración, se ofició por primera vez después de muchos años un Choqueo libre y a la luz del día. Este acontecimiento marcó el inicio de un nuevo tiempo de reafirmación de la identidad y la cosmovisión angaité, ante la persecución religiosa y la clandestinidad.

 

El 19 de abril es el día internacional de los pueblos indígenas, por ello, y tras intensas sesiones deliberativas, fue elegido en aquel 2007 como un día simbólico para juntarse en comunidad a festejar sus ceremonias tradicionales sin prohibiciones, sin miedos, al menos un día al año donde esté permitido hallarse en la propia espiritualidad. Desde entonces, cada 19 de abril, en una de las aldeas de La Patria, se congregaban para el encuentro y la celebración de sus propias tradiciones, como son el Choqueo, Waika, Kelvana. Inclusive, además de los festejos del 19 de abril, en algunas aldeas, se celebraron el Choqueo y Kelvana por más de dos décadas ininterrumpidas.

 

El 19 de abril de 2007 fue registrado por el grupo Sunu en un documental llamado Waika, a pedido de la comunidad. Ese día, además de la celebración del Waika, y al día siguiente del Choqueo, durante toda la jornada las y los cultureños angaité realizaron demostraciones de sus tradiciones y conocimientos a las nuevas generaciones de La Patria, relacionadas a los alimentos y medicinas del monte y sus antiguas formas de cocción o preparación, a los juegos tradicionales, entre otras prácticas propias de la cultura del pueblo.

 

Durante estos años, mediante un trabajo mancomunado entre los cultureños angaité, Sunu y el Centro de Estudios Antropológicos de la Universidad Católica, se emitió un programa semanal en lengua angaité de contenido cultural, los días miércoles a las 14:30 horas, en la Radio Pai Puku, el medio de comunicación con mayor cobertura en territorio chaqueño y escuchado en las comunidades indígenas. Este programa contenía relatos de ancianas y ancianos sobre la vida en el monte, la medicina natural, las historias de vida, así como aspectos de la historia de las diferentes comunidades que conforman el pueblo Angaité. Este espacio radial se había convertido en un imperdible encuentro entre los angaité, quienes se reunían en torno a la radio escuchando con gran atención, para luego intercambiar sobre los contenidos presentados en el espacio radial, propiciando tanto la activación de la memoria colectiva como el diálogo comunitario e intergeneracional.

 

En el año 2018, el proyecto evangelizador ha logrado nuevamente bloquear la celebración de los choqueos y ceremonias tradicionales, después de más de 20 años que fueran reactivadas ininterrumpidamente sus prácticas. Esta vez, producido por el ingreso de la iglesia evangélica pentecostal. Incluso, en la actualidad, existe una propuesta de división que amenaza la integridad territorial de La Patria, como unidad comunitaria, en cuanto a la cohesión de las 18 aldeas que la componen, debido a las internas que se producen a partir de la intromisión foránea de religiones así como de propietarios de haciendas colindantes, interesados en explotar las tierras y la fuerza de trabajo de los angaité.

 

Además del ámbito de lo propio tradicional, la Patria ha trabajado en desarrollar capacidades relacionadas a las nuevas tecnologías para el registro de los saberes propios, dentro de un proceso de apropiación cultural. De esta manera, han gestionado la cooperación de la Secretaria Nacional de Cultura, en el año 2011, para la concreción de un punto de cultura angaité, con equipamientos como cámaras de video, grabadora y computadora para la recopilación y registro de la historia y cultura del pueblo, desde y para la comunidad.

 

Comprendiendo la importancia de los procesos emprendidos hacia la autonomía comunitaria, Sunu desde el inicio de su vínculo con la comunidad, se articula con La Patria en sus acciones de reafirmación de sus creencias, conocimientos y prácticas propias; contribuyendo, principalmente, a facilitar los espacios de encuentros, para la circulación, reflexión y profundización de los contenidos genuinos angaité.

 

 

Promoción de la organización comunitaria

 

La Patria tiene un sistema de autogobierno, donde cada aldea de la comunidad funciona como una unidad política y social, y cuenta con un líder y un vicelíder comunitario, quienes son elegidos por medio de la Asamblea Comunitaria, instancia de consulta y toma de decisiones. Cuentan con un espacio representativo donde participan los líderes comunitarios de las 18 aldeas: la Asociación Angaité de Desarrollo Comunitario (Asadec), que cuenta con una Asamblea de Líderes, instancia donde se articulan las acciones locales y territoriales a partir de visiones construidas de forma colectiva. También, participan en la Coordinadora de Líderes Indígenas de Bajo Chaco (Clibch), organización donde ocupan puestos directivos. Y como Asadec, forman parte de la Federación por la Autodeterminación de los Pueblos Indígenas (Fapi).

 

Si bien, sus instancias organizativas de base se encuentran en procesos de consolidación, existe una gran necesidad de fortalecerlas para la defensa del territorio y para ejercer sus derechos a una vida plena y autónoma como pueblo.

 

En el marco de estos esfuerzos, Sunu contribuye a facilitar la movilización y comunicación entre las aldeas para el diálogo y encuentro de los líderes comunitarios en sus espacios de representación, reflexión y debate, así como en la realización de las asambleas comunitarias y de líderes. En ocasiones, también aporta en los análisis de coyuntura y proyección, así como de monitoreo territorial. En particular, se ha interrelacionado de manera más intensa en algunos procesos puntuales, como en el actual proceso de planificación territorial y proyección comunitaria con el inicio de la elaboración de un plan de vida de la comunidad y un plan de ordenamiento territorial. Con el fin de esbozar las bases de estos planes, a través del método denominado Jeguata, que implica recorrer las aldeas, encuentro y diálogo, se socializaron en las aldeas de La Patria los resultados de un mapeo territorial realizado por la Asamblea de Líderes conjuntamente con el grupo Sunu.

 

El plan de vida de la comunidad se concibe como un acuerdo comunitario de autogobierno, donde se delinean acciones necesarias para cubrir necesidades concretas, contemplando las aspiraciones de las distintas aldeas; teniendo en cuenta, además, la urgencia de articular y administrar desde la misma organización las distintas iniciativas exógenas, tanto de instituciones estatales que ingresan al territorio, como aquellas no gubernamentales o privadas. Este proceso está en pleno desarrollo comunitario.

 

La iniciativa de un plan de ordenamiento territorial responde a los amplios cambios políticos, socioculturales, económicos y ambientales que durante las últimas décadas la comunidad ha experimentado. La cobertura forestal de los alrededores de La Patria ha cambiado dramáticamente. Un considerable porcentaje del área usado anteriormente por la comunidad para cazar y recolectar alimentos ha sido deforestada para expandir o crear nuevas estancias ganaderas. Hoy, todo lo que se encuentra fuera de La Patria es propiedad privada destinada a la ganadería. Esto implica la destrucción de, o la pérdida de acceso a, recursos de los cuales la comunidad dependió en el pasado y quizás todavía dependan hoy. El entorno socioeconómico cambiante, el consecuente cambio en las estrategias de subsistencia y la creciente presencia e influencia de agentes externos ha generado tensiones, conflictos y divisiones de aldeas en los últimos años. Estas tensiones y conflictos ha preocupado a algunos líderes ante los recientes, actuales y futuros cambios de su comunidad y la región. Esto los ha impulsado a solicitar la colaboración de Sunu para acompañar la reflexión comunitaria con miras a un acuerdo o estatuto comunitario que no solamente debería regular el acceso, uso y manejo de sus recursos naturales, sino también el acceso y uso a aquellos ubicados en propiedades vecinas y de la región.

 

De igual modo, Sunu coadyuvó en el proceso de formulación de un diagnóstico de emergencia por inundaciones, tras el periodo de Emergencia Nacional que atravesó el país en el año 2014, a causa de una catástrofe climática que dejó inundada y aislada a la comunidad por más de 3 meses y con 12 muertos. En el diagnóstico se identificaron por aldea los problemas acaecidos a causa de las inundaciones en los ámbitos de la salubridad, la alimentación, infraestructura y asistencia institucional; con el fin de contar con un documento base para la elaboración de un Plan de Prevención de Catástrofes en La Patria.

 

Comprendiendo que la incidencia en las políticas de Estado desde la organización comunitaria es una estrategia activa para defender y conquistar derechos, Sunu ha cooperado con La Patria en sus gestiones ante las instituciones públicas, en defensa y promoción de sus derechos como pueblo indígena, y en la elaboración de una estrategia de incidencia con los gobiernos locales, que ha tenido ya sus primeros resultados. En este sentido, se ha logrado una importante articulación con la dirección de Derechos Humanos de la Corte Suprema de Justicia, convenio mediante, con la finalidad de elevar los reclamos de La Patria relacionados a la invasión de su territorio por parte de población paraguaya. También, la comunidad designó a sus delegados para ser capacitados como peritos judiciales y recibir formación en torno al acceso a la justicia.

Promoción de la Economía Comunitaria

 

Las mujeres sustentan gran parte de la economía comunitaria. Trabajan en la producción de alimentos para el autoconsumo, en huertas y chacras. Implementan sistemas de regadíos que son pensados a partir de las características climáticas del Chaco, de las dificultades para contar con agua permanentemente y de los prolongados tiempos de sequía. Confeccionan bolsones y hamacas, tejidos a mano con hilos de caraguatá, una fibra vegetal que recolectan de sus montes. Igualmente, confeccionan pantallas y sombreros de fibra de karanday. También la pesca forma parte de sus actividades productivas y colectivas, así como la recolección de frutos del monte y el cuidado de los animales de corral. Por su parte, los hombres se dedican a la cacería, la recolección de miel silvestre y la apicultura. Un porcentaje no muy alto trabaja en estancias aledañas, como peones o trabajadores forestales.

 

Desde el 2008, Sunu acompaña un proceso de implementación de un modelo comunitario de soberanía alimentaria, que integra conocimientos angaité con principios de la permacultura y se enfoca principalmente en la producción de alimentos para el consumo comunitario y el abastecimiento de agua.

 

Con una metodología de conocer haciendo, a través de un trabajo mancomunado entre mujeres de la patria, Sunu y el Taller de Estudios para la Mejora del Hábitat (Temha), se puso en marcha talleres prácticos de elaboración de huertas orgánicas familiares, que incluyeron técnicas y experiencias de preparación del suelo, construcción de medias sobras, detección de ataques de plagas, selección de semillas, y preparación de bio-energizantes a base de especies naturales que son medicinales y nutritivas, y que crecen en las aldeas. También, los talleres prácticos contemplaron el manejo del sistema de riego por cántaros; de manera que las familias puedan cultivar alimentos sanos para el autoconsumo, con trabajo independiente y cubriendo cierto margen de alimentación y nutrición. En las huertas familiares se cultivan acelga, kumanda yvyra´i, arveja, poroto manteca, tomate, locote, cebolla, repollo, lechuga, zanahoria, zapallito, entre otras hortalizas que son consumidas con las cosechas.

 

Cuando empezó el trabajo con las mujeres de preparación de las huertas orgánicas, escazas eran las familias que contaban con una. A un poco más de una década, hoy, se estima que aproximadamente el 60 por ciento de las familias cultivan huertas orgánicas para el autoconsumo.

 

A través de la realización de talleres teóricos y prácticos con los varones de La Patria, se construyeron 2 aljibes comunitarios de 25.000 litros cada uno, con sus respectivas infraestructuras de captación de agua que incluyen las partes techo, canaletas, bajadas y tapa, asegurando así la provisión permanente de agua. Un aljibe se edificó en 3 Quebrachos, una nueva aldea desprendida de Corralón. Y el otro en Monte Kué, la más alejada y la más afectada en caso de inundaciones o lluvias muy frecuentes. Además de esta experiencia con Sunu, la comunidad gestiona la colocación de más aljibes con la administración pública.

 

En paralelo a las actividades enmarcadas dentro de un modelo de soberanía alimentaria, Sunu también se articula con La Patria para impulsar la creación de espacios productivos en la comunidad. En esta línea, las mujeres de La Patria han rehabilitado dos panaderías comunitarias con hornos de barro, y creado un taller colectivo para cocinar los panes; en las aldeas La Leona y San Fernández, desde donde gran parte de las familias son abastecidas con los panificados que ellas amasan. Una panadería necesitó solo una revisión y dotarle de utensilios específicos. La otra, requirió un poco más de inversión en cuanto a infraestructura.

 

Ya desde el año 2005, las mujeres de la comunidad tienen la experiencia de abrir y poner en marcha una panadería. Una de ellas fue una iniciativa acercada al grupo Sunu, con quienes elaboraron un proyecto, teniendo como discusión la imperante necesidad de alimentos dentro de las aldeas. En el 2007 la propuesta fue realizada, abarcó la construcción de un horno de panadería, el salón de elaboración, los menesteres para el trabajo de hacer panes y materia prima para la manufactura. Las mujeres adquirieron conocimientos en el rubro y trabajaron colectivamente en la elaboración de pan y derivados; utilizando harina de algarroba y karanda´y, elaboradas y procesadas en las mismas comunidades de La Patria. Ésta fue la experiencia de la Panadería de la aldea San Fernández. La panadería de la aldea La Leona fue una iniciativa que las mujeres presentaron y ejecutaron con la Organización Latinoamericana de Energía (Olade), junto con Mingara, inserto en un proyecto de mayor amplitud, llamado Electrificación rural.

 

Ambas panaderías funcionaron un buen tiempo, pero luego y por motivos diversos quedaron inactivas hasta el 2016 que se vuelven a rehabilitar con el impulso de las mujeres organizadas. Sunu acompaña esta determinación, entendiendo que la creación de espacios de apoyo productivo constituye uno de los ejes centrales en la promoción de la autonomía comunitaria.

 

En la misma línea de conocer haciendo, en el año 2017, se construyó y habilitó una carpintería comunitaria, con el acompañamiento de un técnico en el área. El taller de carpintería va de la mano con el trabajo de producción de miel, y se enmarca en la premisa de la producción comunitaria para el autoabastecimiento. El proceso de trabajo consistió en la adecuación del espacio existente, una ex acopiadora de algarroba, con cambios en el sistema eléctrico, entre otras modificaciones que fueron necesarias para el montaje de un espacio funcional de carpintería. Una vez habilitada la carpintería, se inició la fabricación de cajones de colmena para la apicultura.

 

Al año siguiente, en el 2018, desde la organización de La Patria, la Asociación Angaité para el Desarrollo Comunitario, se inició el desafío de producir miel pura multiflora para la venta, producida en un espacio libre de agrotóxicos, a través de la construcción, habilitación y funcionamiento de un Centro de Acopio de Miel, con el equipamiento necesario para el centrifugado. El producto final es presentado al comercio con etiqueta y supervisión de calidad. Actualmente, se están realizando alianzas con la Red Nacional de Productores de Miel e incursionando diferentes mercados alternativos, de consumo consciente, para la comercialización.

 

Con el centro de acopio y la carpintería en funcionamiento, se abrió un nuevo ámbito de producción comunitaria; donde ellos son los fabricadores de cajones de colmena, los productores, recolectores, acopiadores y vendedores directos de la miel que generan en La Patria. Con ello, dan dinamismo a la economía de la comunidad, al trabajar en tierras propias y desde la propia organización. Ello posibilita que las familias generen ingresos de manera independiente y con arraigo territorial.

 

 

Núcleo de mujeres angaité

 

Las angaité de La Patria han iniciado un camino organizativo de mujeres. Se conformaron en un núcleo de diálogos para hablar de sus inquietudes como mujeres en los quehaceres de sus vidas cotidianas y para ir tejiendo estrategias de participación en los procesos organizativos de la comunidad y en los espacios de toma de decisión, desde sus propias visiones y sensibilidades. En Asamblea de Líderes, en el año 2015, han asumido la responsabilidad de administrar y conducir su propio espacio, con autonomía en las decisiones; apuntando a la constitución de una organización de mujeres de La Patria.

 

En esta decisión, asumieron la administración y el cuidado de las dos panaderías comunitarias, que ya están en funcionamiento. También, asumieron impulsar una iniciativa que aún no ha podido iniciarse: la creación de una unidad productora de cántaros de barro, para el sistema de riego en las huertas y filtrar agua.

 

Este proceso de empoderamiento de las mujeres en los espacios organizativos y de toma de decisiones, se abre ante la permeabilidad de las nociones o prácticas del patriarcado occidental en las comunidades; una cultura ya arraiga, no propia angaité, sino foránea; que ellas buscan desintegrar desde sus voces y protagonismo.

[1] Según el III Censo de Población y Viviendas para Pueblos Indígenas 2012.

[2] Rodrigo Villagra hace referencia a Vaingka o literalmente «Olla», como el ritual y fiesta de iniciación de los jóvenes angaité.

 

 

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