Diálogo, presencia en territorio y construcción multiactor: Dos regiones, un solo camino hacia la autonomía indígena

No comenzó con discursos, sino con el dibujo de un cuerpo. En la comunidad Cerro Akangüe, territorio Paĩ Tavyterã, las mujeres trazaron la silueta de una de ellas en un papel enorme y se detuvieron a mirarla. «El primer territorio es el cuerpo», dijeron. Y a partir de ahí, el mapa se empezó a llenar de dolores, pero también de fuerzas.

El dolor que tiene nombre: Tekoasy

Durante la jornada en Cerro Akangüe, facilitada por el Grupo SUNU, las mujeres Paĩ Tavyterã (de comunidades como Jaguati, Ita Guasu, Arroyo Ka´a, Ita Jeguaka y la anfitriona) hicieron un hallazgo lingüístico y político. Cuando les preguntaron qué era la violencia, respondieron con una palabra que lo dice todo: Tekoasy.

No es solo el golpe. Tekoasy es «vivir una vida con dolor», es la ruptura del equilibrio del Teko (la cosmovisión, la forma de ser). Esta definición cambia las reglas del juego. Implica que la prevención de la violencia no puede venir solo de leyes escritas en castellano, sino de recuperar el equilibrio comunitario.

Las mujeres lo graficaron con crudeza: “A veces no nos pegan, pero nos callan y eso también duele” . En las reuniones comunitarias, cuando habla un varón, todos escuchan; cuando habla una lideresa, “sacan el celular o hablan entre ellos”. Esa es la violencia simbólica que desgasta. Sin embargo, estas mismas mujeres están pidiendo herramientas concretas: quieren formación jurídica para saber cómo activar las rutas institucionales contra la violencia de género, pero sin soltar sus prácticas sagradas.

En el marco del proyecto «Autonomía y Territorialidad», con el apoyo de Brot für die Welt (Pan para el Mundo) de Alemania, los pueblos Paĩ Tavyterã (comunidades Jaguati, Ita Guasu y Cerro Akangüe, en el departamento de Amambay, Región Oriental), Angaite (La Patria, aldeas Caroa´i y La Leona, en el Chaco) y Ñandeva (Diez Kue, también en el Chaco) están construyendo hoja por hoja un plan que no viene de afuera, sino del territorio.

No se trata de un solo taller ni de una sola temática. Es un encuentro multiactor que articula tres líneas estratégicas: el mapeo productivo para un estudio de factibilidad, el apoyo a la organización de mujeres, y el fortalecimiento de la organización indígena a través de la Mesa MAOPI

En la visita de campo realizada en noviembre, se evaluó el estado de los proyectos productivos. Las mujeres recuerdan con cariño los talleres de costura y la panadería liderada Señora Eusebia Torres en La Leona, aunque hoy estén paralizadas por la sequía o la falta de repuestos. Pero la demanda es clara: necesitan un estudio de factibilidad real para reactivar, quizás, los rubros de el acopio de miel y la producción en huertas o Ganado menor.

«Queremos tejer nuestras hamacas», dijeron las mujeres Paĩ. La hamaca no es solo una cama; es un símbolo sagrado usado en el ritual de iniciación de los niños (Kunumi Pepy). Tejer algodón es tejer territorio. Por eso, una de las líneas urgentes del proyecto es el apoyo a la organización de mujeres para gestionar insumos, capacitaciones y romper el aislamiento económico. No se trata solo de vender, sino de sostener la identidad.

Otra forma de hacer política: La fuerza de MAOPI

La articulación va más allá de las comunidades aisladas. En la Mesa de Articulación de Pueblos Indígenas (MAOPI) , el proyecto está propiciando encuentros clave para el fortalecimiento de la organización.

Ya no se trata solo de hablar entre ellas. Se trata de sentarse frente al Estado. Con el apoyo técnico, MAOPI ha logrado avanzar en un plan de incidencia que incluye diálogos directos con entes gubernamentales. En la agenda reciente está la socialización del Plan Nacional Indígena con el INDI (Instituto Paraguayo del Indígena), y un hito fundamental: la socialización de la construcción del Hospital Regional del Chaco con el MOPC (Ministerio de Obras Públicas) en Mariscal Estigarribia.

Que las comunidades indígenas tengan voz en cómo se construye un hospital en su territorio es un cambio de época. Significa pasar de ser invisibilizadas a ser consultadas, un paso pequeño pero firme hacia el respeto del Consentimiento Libre, Previo e Informado.

La juventud y el futuro

En medio de la crisis del consumo de alcohol y drogas que “rompe el equilibrio del teko”, las voces más jóvenes alzaron una solución simple y revolucionaria: la cancha de fútbol.

Las jóvenes de Cerro Akangüe identificaron el deporte femenino como la mejor estrategia de prevención. Piden pelotas, equipos y espacios. Mientras tanto, en La Patria, los jóvenes piden formación digital y que la radio comunitaria de Caroa’i tenga más alcance.

Como dijeron unas mujeres al cierre de uno de los talleres: «Cuidar el cuerpo, la cultura y la juventud es cuidar el territorio» . Y en ese cuidado, están construyendo autonomía.

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